Si laburás todo el día, esto es para vos. Ninguna lleva más de cinco minutos y ninguna necesita una app. Empezá por la que te trajo hasta acá; el resto está más abajo
Cerrás la compu pero la cabeza sigue en la reunión, en el mail, en lo que quedó pendiente. Llegás a tu casa y estás, pero no estás. Este audio es para ese rato entre una cosa y la otra.
Cuándo usarlo. En el auto, con el motor apagado, antes de bajarte. En la puerta de tu casa, antes de entrar. Cuando terminás de laburar y sentís que no terminaste nada.
Cómo. Sentado, los pies en el piso, los ojos cerrados si podés. Manejando, no.
Tres minutos. Dale play hoy, antes de entrar a tu casa.
Cuando estás a mil, es lo más rápido que conozco para que el cuerpo frene. No hace falta meterse entero al hielo, con la cara alcanza
Salís de una reunión y ya estás entrando a la otra, con la cabeza todavía en la anterior. Cuando el cuerpo está a mil, la respiración se acorta y el pecho se cierra. Respirar hondo, de golpe, te acelera más. Lo que baja es soltar el aire largo.
La clave. Que la exhalación sea siempre más larga que la inhalación. Ahí está todo. No es respirar más: es soltar más largo.
Cuándo usarlo. Antes de una reunión difícil. Cuando te despertás ya acelerado. Después de una discusión. En el auto, antes de entrar a tu casa. Cada vez que estés a mil sin un peligro real enfrente.
Noventa segundos, te voy contando a vos. Dale play y hacelo ahora, no después.
Siete días para pasar tus caminatas a respiración nasal. Sin app, sin cinta, sin pagar nada. Marcá cada día cuando lo hagas: queda guardado en este teléfono.
La regla de oro. Si tenés que abrir la boca, bajá el ritmo. Nunca al revés.
Por qué funciona. La nariz filtra y calienta el aire, y le suma óxido nítrico: el oxígeno se aprovecha mejor. Entra menos aire por segundo y el cuerpo aprende a arreglarse con menos.
Y te marca el ritmo sola: mientras podés respirar por la nariz, el esfuerzo se sostiene. No te hace más rápido esta semana. Al principio vas más lento. Ese es el trabajo.
Tres semanas de duchas frías, con el tiempo subiendo de a poco. Empezás siempre con agua caliente y cerrás con frío. Marcá cada día: queda guardado en este teléfono.
La regla. El número es el tiempo bajo el agua fría, al final de tu ducha de siempre. No es aguantar: es quedarte quieto y soltar el aire largo mientras pasa.
Por qué sube de a poco. Quince segundos son ridículos a propósito. Lo que se entrena no es el frío: es no pelearte con él. Si arrancás en dos minutos, peleás, y a la semana abandonás.
La última semana va sin agua caliente antes. Ahí ya no sorprende.
El estrés del laburo no se queda en la cabeza: el cuerpo lo junta en algún lado. Tocá la zona donde lo sentís y te digo qué suele pasar ahí, y qué hacer con eso en un minuto.
Seis áreas, un número cada una, para ver cuánto te está costando el laburo. No pienses mucho: el primero que te sale es el bueno.
Hay algo que vas a hacer "cuando baje el laburo". Esto no es para que te sientas mal: es un número, nada más.
Marcá las que te pasaron esta semana, sin pensarlo mucho. No es un diagnóstico ni se le parece.
Esto no reemplaza ninguna consulta profesional. Es una foto de tu semana, nada más.
Ocho preguntas sobre con qué te medís. No es un diagnóstico ni se le parece: es para ver de dónde salió esa medida.
Esto no dice nada de cómo sos. Dice de dónde sacaste la medida, que es otra cosa y se puede mover.
Tres conversaciones pendientes. Escribilas con nombre, aunque sea el apodo, y decime dos cosas de cada una.
Todo esto es una muestra de cómo trabajo: desde el cuerpo, con cosas simples que se hacen entre reunión y reunión. Si laburás todo el día y no podés cortar, hay un proceso de 90 días para eso, sin dejar tu laburo.
Diez minutos por día, seis sesiones uno a uno, y la misma medición al principio y al final. Mirá de qué se trata y, si te cierra, hablamos.
Ver el programa de 90 días